Espectros do deserto

Libros

7 diciembre, 2011

Prosa vertical o barbarie

Lo nuevo de Xurxo Borrazás podría ser un disco de la primera época de Os Resentidos, si el letrista de Os Resentidos fuera un Celso Emilio Ferreiro dolido e irredento. O un capítulo añadido de ‘Alicia en el país de las maravillas’, siempre que Lewis Carroll hubiera perdido toda la fe en el absurdo. Esperpento punk, J. G. Ballard a cuatro manos con Valle-Inclán. Sin redención posible.

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Covalladas (Galaxia, 2010), por aproximación, deben ser las cosas de la cueva. Lo que en la cueva se da: lo que allí ocurre y lo que se fija de lo que allí ocurre. Lo que se susurra o se rumorea y lo que se escribe en la Historia. Y la cueva, en todo caso, un país. Una tribu. Más de uno, articulados. Una estructura social descrita, eso sí, por un disidente. Un enano como los demás, o sea, un tipo (o tipa) de talla más bien escasa, pero que maneja una lengua que no es la del poder. Un pionero autoproclamado. Un temerario que promete no cerrar los ojos esta noche cuando se acueste en la entrada del túnel –la salida, el mito de la salida– a esperar quién sabe qué. Ningún otro enano lo consiguió antes, por lo visto. Enésimo opositor a outsider, por tanto, artefacto recurrente en la caja de herramientas –en lo literario y por fuera– de Xurxo Borrazás (Carballo, 1963): “A lingua é para estes enciclopedistas / un exército visto desde as nubes, / unha recreación infográfica / de millóns de soldados a pé. / Ou un exército ou un salón de té. / Para outros a lingua é un batallón nostálxico / das xestas napoleónicas: / sombreiros altos e baionetas caladas. / Para outros, guerra de guerrillas, mero terrorismo. / Estes, por exemplo, seriamos nós”.

El contrato social era això, companys. El disidente, mal que le pese, habita un sistema de galerías subterráneas. Un vecindario de enanos, coroneles, un cantante con la boca cosida que bebe por una paja y enemigos, los murciélagos. Una comunidad diglósica, con cuatro tramos del IRPF, presos, universidad y una cita anual con Eurovisión. Donde por no haber no hay ni guerras ni torturas. Donde la vida pasa apenas en ascender y pasar a la reserva, uno detrás de otro. Viscosa, abisal, “na cova amolecen as palabras, péganse as frases”. Pero para los enanos es perfecta. “Útero en pedra”, acaso. Incluso agradecen las modestas prohibiciones que los eximen de toda responsabilidad. A saber: no inyectar botox ni pilotar aviones ni cagar sin ganas ni soñar con Marilyn Manson ni hacer el ridículo ni comer uñas ajenas ni por supuesto disparar con flash. Muy normal todo, por lo que se ve. “Ao país dos ananos non hai que viaxar. / Estase nel”.

Sin sentido del humor no habría Covalladas. Lo nuevo de Xurxo Borrazás podría ser un disco de la primera época de Os Resentidos, si el letrista de Os Resentidos fuera un Celso Emilio Ferreiro dolido e irredento. O un capítulo añadido de Alicia en el país de las maravillas, siempre que Lewis Carroll hubiera perdido toda la fe en el absurdo. Esperpento punk, J. G. Ballard a cuatro manos con Valle-Inclán. Sin redención posible. Es, según la portada de la primera edición de Galaxia, prosa vertical. Narrativa sin párrafos abrazados a las dos orillas de la página. Todo volcado a la izquierda, suicida, salvo el relato de la huida del glosador-héroe: salvo la épica. Un relato que no llena la línea. Será que en la cueva la prosa está mal vista, porque “quere facer crer que ela é o mundo, que atrás dela non hai nada”, porque “baixo as liñas enteiras agocha a terra liberada / da páxina en branco”. O será, por el contrario, porque la poesía es aún más nefasta para los coveños: “Sen dar nada, / todo o prometía. Na textura das liñas inacabadas e as oracións desprovistas, incertas, / nas conexións azarosas e os chimpos desiguais / os ananos soñaban co equilibrio”. Prosa vertical o barbarie, he ahí la impugnación de Covalladas.

Si la alegoría es (debe ser) sistemática, Covalladas no es una alegoría. Igual que Arte e parte. Dos patriarcas á arte suicida (Galaxia, 2007) no era un ensayo, dijera lo que dijera la solapa. La Xurxo Borrazás el paratexto siempre le busca coartadas un poco grandes de más, algo canónicas de más. En aquel panfleto –pronúnciese con dignidad y énfasis en la segunda sílaba–, el escritor vigués (de Carballo) disparaba sin sistema (ni tropa) contra el sistema (y la tropa) de la literatura gallega. Aquí habla de la cueva sin llegar a alegoría alguna. Distopía, y ballardiana, era Costa Norte/ZFK (Galaxia, 2008), el regreso del autor a la novela tras la retirada de cuatro años que sucedió la Ser ou non. Covalladas es distinto. Menos ambicioso, si acaso. Un abismarse del autor con (demasiada) pinta de ejercicio de estilo. A golpe de relámpago, con inteligencia aforística e irregular, la prosa vertical es espasmódica. He ahí las definiciones de la Gran Enciclopedia Oral Enana (sic), “un portento de concisión” (sic, también). “COVA: obxecto de medicións”. O mejor todavía, “FÓRA: 1.- Programas TV / 2.- Radiación mortal”.

“Xa suporedes que, alá dentro, / os contacontos rachan coa pana, / entronizados ou masacrados / segundo a fortuna dos seus relatos. / A un deles descubrírono / cunha agulla de rocha caliza / atravesada na gorxa”. No es un juego la cueva. “A cova non perdoa, como unha mafia”. La literatura tampoco. Se le agradece a Borrazás esa incomodidad suya en el rol del escritor. Es cierto que en Arte e parte escupía contra Bordieu y sus epígonos en defensa de una autonomía que pecaba de metafísica, pero también le mandaba otro mensaje de furia necesaria a la Academia y los apóstoles de la patria: fuera vuestras sucias manos de la literatura. En Covalladas vuelve a coger las armas, pero esta vez Galicia podría incluso no ser Galicia. El glosador-héroe va a fracasar. Su regreso a la cueva será penoso. Lo tirarán al suelo y le harán devorar lama. Le meterán murciélagos exánimes por el recto. Pagará brutalmente, como se paga entre los enanos, por sus pecados. “Ata o narrador máis parvo sabe que / todo relato longo debe incluír os coroneis”.

“Cagáchela, tío”, le reprochan al que vuelve con las fantasmagorías de lo que hay más allá de la cueva. Ya se había dicho al principio que la cosa venía torcida. “Ías ben, podería ser a epopea dos nosos tempos, / a ligazón de todos os fíos. / Fuches a onde ninguén fora / viches carreiras de cabalos…”. Pobre destino de replicante. Incluso le reprochan la estructura circular del relato. Y Borrazás se resiste a las normas de la cueva. Poniendo en discusión ese libro que no cabe en las estanterías, que sólo los brazos de media docena de enanos pueden transportar: la historia de los vencedores. Esta vez, con escaso pudor: entre la provocación y el desahogo. Convencido, con todo. “Non hai relato escuro senón público deslumbrado. / É a luz de fóra a que cega os matices da sombra. / Na sombra, dentro, estaremos nós”.

Publicado originalmente en ProTexta, suplemento de libros de Tempos Novos.

Covalladas. Prosa Vertical

Xurxo Borrazás

Galaxia, 2010
168 páginas | 15 euros

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