Carlos Casares no tuvo tiempo de administrar su posteridad. Si toda muerte es prematura, la suya además fue repentina. Se lo llevó un infarto en marzo de 2002, casi sin avisar. Aún no había cumplido 61 años.
Carlos Casares no tuvo tiempo de administrar su posteridad. Si toda muerte es prematura, la suya además fue repentina. Se lo llevó un infarto en marzo de 2002, casi sin avisar. Aún no había cumplido 61 años.
Lo nuevo de Xurxo Borrazás podría ser un disco de la primera época de Os Resentidos, si el letrista de Os Resentidos fuera un Celso Emilio Ferreiro dolido e irredento. O un capítulo añadido de ‘Alicia en el país de las maravillas’, siempre que Lewis Carroll hubiera perdido toda la fe en el absurdo. Esperpento punk, J. G. Ballard a cuatro manos con Valle-Inclán. Sin redención posible.